El contexto actual ha propiciado que la arquitectura esté condicionada fundamentalmente por el beneficio económico de sus promotores, situación en la que el arquitecto propone hacer, cada vez, un edificio representativo, que simbolice la novedad y el futuro, una nueva arquitectura medioambiental, como si fuese una nueva manera de hacer.

Para Albor el estudio del contexto constituye la esencia, el elemento distintivo del proyecto de arquitectura, percibiendo la necesidad de establecer un diálogo con él, incluso si el objetivo final es negarlo, esto lo reclama como categoría obligada y, sobre todo, como la clave para transgredir y proponer.

Dada su capacidad de modificar el medio físico, la arquitectura puede proporcionarnos una nueva realidad, compromiso este que Albor asume sensibilizándose, de manera muy particular, con las variables que conciernen al contexto. Así, en lugares donde la calidad ambiental es elevada, se establecen diálogos entre arquitectura y paisaje, sugiriendo nuevas relaciones entre objeto y naturaleza, en los que el espacio y las estructuras existentes se redimensionan para ofrecer nuevas formas de aprovechar los recursos del lugar.

Sin embargo, sucede que la ausencia de medios para responder a la demanda y las limitaciones culturales y de comunicación han propiciado el deterioro notable de la calidad ambiental de nuestras ciudades, incluso de los principales centros urbanos patrimoniales. Por lo tanto, en este caso procuramos ofrecer variantes geométricamente más contundentes, donde la estética radica en la aptitud de la forma, al intentar lograr la mayor sustentabilidad mediante métodos pasivos, con una solución volumétrica que favorece el sombreado de paredes y techos, y que prioriza la iluminación natural y el control de la radiación solar en los espacios interiores, obteniendo el máximo aprovechamiento de los recursos naturales.

En este sentido nuestra concepción estética apuesta, mediante sobrios diseños de espacios llenos de luz y brisa, por desechar lo que sobra y unificar belleza y funcionalidad, despojándola de toda pasión que no lleve a la esencia de las cosas, manteniendo siempre la premisa de trabajar con el mayor rigor que las condiciones del encargo y el contexto permitan.